Este tipo de aprendizaje se basa en que cuando el perro realiza una acción y la hace correctamente se le da un premio al igual que si se le regaña. En el momento que se cede y se le da algo de comer de la mesa, el perro piensa que ha hecho algo bien y que por eso se merece el trozo de comida. Es una acción que repetirá continuamente.

La efectividad de los refuerzos positivos de este aprendizaje se dará cuando el perro no obtenga siempre el premio cuando realiza una acción, es decir, si se tiene que esforzar para conseguirlo. Esto técnicamente se conoce como refuerzo discontinuo. Quiere decir que si en vez de darle una galleta cuando hace una cosa bien se la das cuando la hace tres veces.

Lo importante es identificar cuando el perro pide la comida y cuando no. No sirve de nada que no le des nunca, pero que luego en fiestas señaladas le des las sobras, porque ellos lo interpretan a que siempre van a conseguir comer de lo que ha sobrado. Para que esto se lleve a cabo tiene que haber un consenso familiar en el que cada uno sea consistente de que no le debe dar nada de comida al perro así como también advertir a los invitados para que tampoco lo hagan.

Y el último consejo o truco es no ceder por mucho que insista. Si acabas derritiéndote a sus encantos y le da un bocado él interpretará que ese comportamiento tiene la finalidad de abastecerle de comida.

 

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