El ejercicio físico reduce el riesgo de sufrir nada más y nada menos que siete tipos de tumores: el de mama, colon, endometrio, riñón, hígado, mieloma y linfoma no Hodgkin. Hasta un 27% menos de probabilidades de padecer cáncer en el hígado si la persona, por ejemplo, hace aeróbic cinco días a la semana durante 30 minutos. Así lo constata una investigación realizada sobre una población de más de 750.000 personas.

«Las pautas de actividad física se han centrado siempre en su impacto en enfermedades crónicas como las cardiovasculares y la diabetes», afirma la principal autora de este trabajo epidemiológico, Alpa Patel, de la Sociedad Americana del Cáncer. «Nuestros datos aportan un fuerte respaldo a la idea de que los niveles recomendados de ejercicio también son importantes para la prevención del cáncer».
Actualmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja a los adultos (edades comprendidas entre los 18 y los 64 años) un mínimo de 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada (bailar, caminar a paso rápido o tareas domésticas) o 75 minutos si es intensa (running, aeróbic o desplazamientos rápidos en bicicleta).

La asociación entre el ejercicio y la prevención del cáncer está tomando cada vez más fuerza en los últimos años. De hecho, ya en 2017, la Asociación Americana de Oncología Médica (ASCO) declaraba la necesidad de prescribir en lugar de recomendar el ejercicio físico. Según sus indicaciones, entre los 30 y 60 minutos de movimiento moderado al día ayudan a reducir el riesgo de cáncer de mama, por ejemplo.

En este punto, cabe recordar un estudio español desarrollado por el Grupo GEICAM de investigación en cáncer de mama y publicado en la revista Gynecologic. Tal y como señalaban las conclusiones, las mujeres que no practicaban ningún tipo de actividad física tenían un 71% más de riesgo de padecer un cáncer de mama que aquellas que sí lo realizaban.

Un gran premio que requiere concienciación, vol untad y más estudio, ya que, según los autores de la investigación que acaba de publicarse en ‘Journal of Clinical Oncology’, no se tiene tanta información sobre las ‘dosis’ necesarias para según qué tipos de respuesta en cada clase de tumor. Con esta intención, un equipo de expertos del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, de la Sociedad Americana del Cáncer y de la Escuela de Salud Pública de Harvard ha analizado los datos de nueve estudios prospectivos que implican a más de 750.000 adultos.
Por un lado, se tuvo en cuenta la actividad física realizada por estas nueve cohortes en su tiempo libre y por otro, se efectuó un seguimiento de la incidencia de cáncer, observando así la relación entre el ejercicio practicado y los nuevos diagnósticos de 15 tumores diferentes.

EFE/ David Aguilar

A partir de esta información, los investigadores observaron claros beneficios, estadísticamente más o menos relevantes dependiendo de las horas semanales y de la intensidad del ejercicio realizado. Así, por ejemplo, un hombre que da un paseo a 5 km/h cuatro veces a la semana durante 37 minutos (lo que equivale a 7,5 MET horas semanales) tiene un 8% menos de riesgo de padecer cáncer de colon y un 11% menos de probabilidades de sufrir un tumor en el riñón. También se reducen sus posibilidades de presentar mieloma (en un 14%) y cáncer de hígado (en un 18%). En el caso de una mujer, disminuyen sus papeletas en el cáncer de mama en un 6%, de endometrio en un 10% y en linfoma de Hodgkin en un 11%.

Cuando el gasto energético semanal era mayor, los beneficios se multiplicaban. Patel y su equipo comprobaron que si un individuo realizaba una actividad de mayor intensidad, como aeróbic o running, durante 30 minutos cinco veces a la semana (lo que equivale a 15 MET horas semanales), por ejemplo, tenía un riesgo 14% menor de sufrir cáncer de colon, 17% menor de tener tumor en el riñón, 27% menor de cáncer de hígado y 19% de padecer mieloma. En el caso de una mujer, se reducen las probabilidades de presentar cáncer de mama en un 10%, de endometrio en un 18% y linfoma de Hodgkin en otro 18%.

El hándicap de este trabajo se centraba en algunos tumores donde el número de pacientes era muy pequeño. No obstante, «nuestros hallazgos brindan apoyo cuantitativo para la recomendación de actividad física en la prevención del cáncer». No hay que olvidar que el número de tumores en el mundo continúa creciendo, pasando de los 14 millones de casos estimados en el año 2012 a los 18,1 millones en 2018.

En España, el cáncer también es una de las principales causas de morbilidad. Aunque aún no ha terminado 2019, se calculan unos 277.234 diagnósticos, según datos del informe ‘Las cifras del cáncer en España 2019’ de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Entre los más frecuentes, el de colon, mama, pulmón y vejiga urinaria.

«Los resultados de este trabajo son muy interesantes porque muestran evidencia de cómo el ejercicio físico repercute en la prevención del cáncer», señala María Alonso, coordinadora del programa de ejercicio físico en oncología de Geicam. «Se necesitan más profesionales que se centren en esta área y también es necesario reforzar las guías sobre el ejercicio físico en oncología».

Para los especialistas, lo ideal sería diseñar un plan individual que se adaptara a las circunstancias y características de cada individuo, tanto para prevenir como para superar. Se sabe que la actividad física tiene los principios activos necesarios para contrarrestar la fatiga y la debilidad muscular que van aparejadas al tratamiento oncológico basado en la quimio, la cirugía y la radio.

El ejercicio no sólo mejora estos síntomas, también el estado de ánimo, la motivación, ayuda a mitigar el insomnio, la ansiedad, el miedo, a recuperar un peso saludable, potencia el funcionamiento cardiaco y pulmonar, reduce el estrés oxidativo y, además, tiene un efecto positivo en el sistema inmune.

Fuente: elmundo.es